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Expertos: Bolivia en realidad tiene una vocación forestal, no agrícola

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Escrito por ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS .- La Directora de Investigación y Gestión del Conocimiento de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), Marlene Quintanilla, afirma que Bolivia tiene una vocación no agraria (en términos de porcentaje de tierras cultivables a largo plazo), sino forestal, debido a la mayor cantidad de suelo apta para los bosques.

Así lo expuso la experta durante la conferencia “Repensando el modelo agrario boliviano. Situación actual y dinámicas de cambio”, organizado hace poco por la Fundación TIERRA, y que además contó con la participación de múltiples actores relacionados con el tema del agro en Bolivia: investigadores, representantes de organizaciones campesinas e indígenas, de la federación de juntas vecinales de El Alto y de entidades universitarias.

Años atrás, el investigador Marco Octavio Ribera presentó un estudio titulado “Primera aproximación a un inventario de unidades ecorregionales amenazadas en Bolivia”, en el que demuestra, precisamente, que Bolivia es un país con limitada vocación agrícola.

Ello se debe a las limitaciones “edafológicas y ecológicas” en sus diversas regiones, por lo que en realidad Bolivia es un país con mayor aptitud forestal y de provisión de servicios ambientales, según el estudio de Ribera.

El citado estudio detalla que los suelos de clase 1 y 2 son los más aptos para la agricultura, pues tienen pendientes moderadas y drenaje, especialmente los de clase 2, ya que los de clase 1 todavía presentan limitaciones porque sus pendientes y drenajes no son óptimos. Sin embargo, incluso si se consideran de manera conjunta, los suelos de clase 1 y 2 hacen menos del 30% de la superficie total de Bolivia.

Al respecto, el Docente de la Carrera de Sociología de la UAGRM, y ex Superintendente Forestal, José Martínez, sostuvo en el mismo evento que el desconocimiento gubernamental de este hecho parece constatarse en la ausencia de una ley de bosques apropiada.

Martínez también recordó que, además de especies vegetales comerciales, los bosques producen agua dulce y oxígeno, siendo ambos recursos valiosos en la actualidad y estratégicos en el futuro, y que en una década el agua dulce será el recurso más demandado, por lo que en Bolivia parece encaminarse a terminar con las fuentes de agua dulce.

En su perspectiva, “sería una locura” deforestar más haciendo crecer la frontera agrícola con la idea de incrementar seguridad y soberanía alimentarias, dado que Bolivia no tiene posibilidades reales de aumentar sus superficies cultivables de modo duradero y menos a costa de los bosques.

 

Bolivia forestal

Según un estudio dirigido por la extinta Superintendencia Forestal, el 48% de la superficie de Bolivia está cubierto por varios tipos diferentes de bosques, particularmente especies arbóreas valiosas, como mara, roble, cedro y morado, entre otras, que son escasas y están en vías de extinción.

Este 48% de la superficie total comprehende a 123 municipios de los departamentos de La Paz, Beni, Pando, Chuquisaca, Santa Cruz, Cochabamba y Tarija tienen vocación forestal, representando a casi 38% del total de municipios.

Los bosques de las tierras bajas de Santa Cruz, Beni, La Paz y Pando cubren aproximadamente el 76 por ciento del área forestal de Bolivia, un 18 por ciento se encuentra en Chuquisaca y Tarija, y el 6 por ciento restante en los valles cercanos a Cochabamba.

Sin embargo, la pérdida boscosa es acelerada, tal como se ha conocido a través de los medios de comunicación en los anteriores meses y años.

Entre las razones principales para la pérdida de este marco natural y de la biodiversidad, Marlene Quitanilla destaca a “las presiones que se están ejerciendo en las tierras bajas, que están muy vinculados a la infraestructura, al desarrollo de la infraestructura, a los derechos (forestales, mineros, hidrocarburíferos, etc.) que se han ido otorgando, al cambio del uso de suelo, la ampliación de la frontera agrícola, las quemas, la deforestación como la principal causante, y el cambio climático que no debemos obviarlo pues es una realidad cada vez más latente”.

Así, en las tierras bajas se han otorgado 9 millones de hectáreas de bosques bajo derecho de uso forestal (43% concesiones forestales, 42% comunidades indígenas y campesinas, 8% ASL y 7% propietarios privados). De la misma manera, se otorgaron 1.809 derechos mineros hasta el año 2012, en más de 780 mil hectáreas en las Tierras Bajas y Yungas. Santa Cruz abarca el 62%, con 560 derechos. También se otorgaron 6,9 millones de hectáreas en 104 áreas hidrocarburíferas; de esta superficie el 8% en explotación y el 82% en fase de exploración.

Respecto a los cambios de uso de suelo, Quintanilla mostró que 16 millones de hectáreas fueron afectadas por las quemas e incendios forestales, 30% ocurridas en bosques y 70% en pastizales. Se tienen también 15,6 millones de hectáreas bajo uso agropecuario, de las cuales el 75% corresponde a la ganadería y el 25% restante cultivos agrícolas.

Sólo hasta el año 2013, se eliminaron 5,8 millones de hectáreas de bosque por deforestación; el 78% de la deforestación ocurre en Santa Cruz, donde la cifra es equivalente a deforestar 23 canchas de futbol por hora.

“A nivel de biomas, podemos ver que los biomas más afectados son la Chiquitanía y el Chaco, son los biomas que se están perdiendo por las elevadas tasas de deforestación. A nivel de cuencas, la cuenca del Mamoré es la más afectada, con la cuenca del Iténez. Podemos ver acá también, en la cuenca muy próxima a Cobija, que prácticamente ha sufrido enormes pérdidas de bosque”, agrega Quintanilla.

Históricamente hablando, la experta advierte que la deforestación se está acelerando en los últimos 30 años. En el periodo 1975-1986, “la deforestación promedio anual podemos ver que era mínima, el promedio anual era de 39.000 hectáreas, aproximadamente”. Pero se empieza a dar un impulso fuerte desde 1986: la deforestación se incrementa hasta 125.000 hectáreas por año.

“Actualmente, en los últimos análisis que hemos desarrollado, la deforestación supera las 250.000 hectáreas de bosque por año. Éstos son los promedios anuales porque no existe todavía un monitoreo anual continuo, por lo complejo que resulta hacer una cuantificación más precisa y anual”, precisa. Sólo en el periodo 2005-2010 se han deforestado 5,8 millones de hectáreas.

 

Ausencia de una

ley de bosques

Aunque la cobertura boscosa en Bolivia alcanza todavía a cerca del 50% del territorio, José Martínez, nota que “lo que menos encontramos en la parte legal es justamente la ley más importante: la ley de bosques”.

Sin embargo, hay una cantidad muy grande de leyes para el tema agropecuario, todo un marco legal para el sector agropecuario: la ley 071, ley 144, ley 307, ley 300, ley 393, ley 337, ley 338, ley 429. Pero “la superficie con esa capacidad en el país está, prácticamente, en el orden del cinco por ciento del territorio nacional”.

En ese sentido, el experto se pregunta y responde: “¿dónde están las tierras agrícolas prometidas en Bolivia?, ¿existen realmente suelos con capacidad agrícola en Bolivia? Todos los datos que hasta ahora hemos visto nos demuestran que no”.

Martínez argumenta que, en base a “los datos que yo he revisado, en este momento el histórico acumulado de deforestación en Bolivia es de aproximadamente nueve millones y medio de hectáreas de pérdida de bosque”, pero que ello no ha significado un aumento de la superficie cultivada en Bolivia. Sin embargo, “sí hemos crecido, más o menos, en torno a los cinco millones y medio de hectáreas de tierras desertificadas”.

El experto grafica: “Si ustedes viajan de Santa Cruz hacia la Chiquitanía, Pailón antes era la capital soyera de Bolivia, se cultivaba dos veces al año, ahora no se cultiva nada. Son campos aparentemente verdes, pero están desertificados: no pueden producir nada. ¿Qué sentido tiene seguir en esta lógica agrarista? Si algún modelo tenemos que cambiar es justamente ése: esa concepción agrarista que existe en el país y que está enraizada en la cultura boliviana. Ni qué decir de las autoridades”.

Y es que para Martínez, “lo que no entendemos son los valores del bosque. Lo que necesitamos cambiar del modelo es transitar de las economías agrícolas a economías no consuntivas, que se puedan realizar en áreas de bosque, en vez de seguir pretendiendo cultivar en donde no va a haber ninguna posibilidad”.

Si bien el experto reconoce que efectivamente va a haber la necesidad de una pequeña agricultura, lo que va a haber realmente “es la necesidad de manejar el espacio en tres tiempos: pequeños espacios agrícolas en espacios pequeños, producción industrial (sobre todo de frutales) con una especie de anillos de protección, esas pequeñas áreas intervenidas, y preservar manchones de bosque”.

“Ésa es la única garantía no solamente para que los habitantes del bosque puedan sobrevivir, sino nosotros en las ciudades. Porque no hay que olvidar que el bosque produce agua, produce oxígeno, y estos son los recursos más valiosos que nosotros estamos liquidando, lo más importante”, agrega.

¿Explotar los bosques?

Martínez es tajante. “Tenemos que entender de una vez: no hay biodiversidad en Bolivia sin bosques. Podemos estar, probablemente, con otro tipo de naturaleza, pero la biodiversidad, la megadiversidad que existe en Bolivia está en relación a los bosques. Entonces, ése es el recurso más importante que debemos conservar”.

Por otro lado, insiste en que en gran parte de las tierras bajas “no tenemos suelos con capacidad agrícola; por tanto, no podemos sembrar. Eso no quiere decir que no podamos hacer producción. Sí podemos hacer producción, producción apropiada a las características del bosque. En un estudio, que es Los bosques de Bolivia. Un gigante desconocido, que ha sido publicado por CIPCA se plantea como siete posibilidades de economías que se pueden generar en áreas de bosque”.

Un ejemplo es el de la castaña. “Ése es el mejor ejemplo de economías no consuntivas. Se aprovecha el recurso y éste genera más recursos que la producción maderera en Bolivia y no tenemos que tumbar la planta, no tenemos que cortar el árbol. Y ese tipo de economías se pueden hacer por cientos en los bosques. Entonces, las inversiones en tractores en bosques hay que anularlas y avanzar en este otro sentido”.

Desde las ciudades, afirma el experto, “lo único que tenemos que hacer es lo siguiente: en vez de seguir invirtiendo anualmente dos mil millones de dólares en exploración y explotación petrolera, por lo menos la mitad –o sea, mil millones– invirtamos en bosque y este país se va a transformar”.