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Dom, Abr

DEFORESTACIÓN EN AMÉRICA LATINA: NUEVE DE 24 ZONAS EN PELIGRO

Internacional
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La selva maya, uno de los bosques tropicales más grandes del continente, destaca entre los nuevos territorios afectados.


En los últimos 13 años han sido devastadas en el mundo más de 43 millones de hectáreas de bosque, un área similar al estado de California, en Estados Unidos: de acuerdo con el reporte Frentes de deforestación; impulsores y respuestas en un mundo cambiante, realizado por WWF, nueve de las 24 áreas más afectadas por la deforestación se encuentran en América Latina, además de zonas como Madagascar, Sumatra y Borneo.

Destacan entre las regiones latinoamericanas más afectadas la Amazonia brasileña, la Amazonia boliviana, el Gran Chaco de Paraguay y Argentina, así como la selva maya.

“Después del Amazonas la selva maya es el bosque tropical de América más importante; la compartimos con Belice y Guatemala; y está teniendo tasas muy aceleradas de deforestación que se exacerban por modelos de desarrollo social que no privilegian la conservación del medio ambiente”, explica en entrevista María José Villanueva Noriega, directora de conservación de WWF México.

Importancia y causas

Los bosques son un elemento vital de nuestra salud pero también de nuestras economías. Cubren casi un tercio de la superficie terrestre del planeta. Alojan más de la mitad de las especies terrestres del mundo y son la fuente de 75% de agua dulce del mundo. Además son el hogar físico y espiritual de muchos pueblos indígenas y comunidades locales: casi mil millones de personas viven en estos ecosistemas y sus alrededores.

Por sí solos los bosques almacenan también siete veces más carbono del que la humanidad emite anualmente y absorben hasta 1.8 gigatoneladas de carbono al año.

Y pese a sus vastos beneficios ambientales el reporte expone que hoy los bosques están en crisis e identifica doce causas de deforestación, entre las que la agricultura comercial se ubica como una de las principales, con áreas boscosas despejadas con el fin de crear espacio para el ganado y los cultivos.

Villanueva puntualiza que “en América Latina la ganadería, la agricultura a gran escala, la agricultura de subsistencia, la minería, la infraestructura de transporte y los incendios se resaltan como los mayores impulsores de pérdida de bosque”.

El documento explica que los bosques degradados y fragmentados son más propensos a los incendios, que a su vez afectan de manera directa al clima. Se estima que los incendios en la Amazonia durante 2019 causaron 1.1% de las emisiones globales de carbono y 80% de las emisiones de Brasil.

De esta manera el reporte subraya la conexión entre la deforestación y el cambio climático.

Frentes

La mayor parte de la pérdida de bosques se concentra en 24 zonas o frentes. Varios de estos ya eran visibles, como la Amazonia, África Central e Indonesia. No obstante han surgido nuevas zonas en África Occidental (por ejemplo, Liberia, Costa de Marfil, Ghana), África Oriental (Madagascar) y América Latina (incluida la Amazonia en Guyana y Venezuela, así como la selva maya en México y Guatemala).

Debido a la deforestación América Latina registra una disminución de 94% en las poblaciones de vida silvestre. Esta alarmante disminución en biodiversidad es atribuida en gran parte a la pérdida y degradación de hábitat que causa el cambio de uso de suelo.

Sobre la Amazonia brasileña el documento advierte que este bosque tropical de 395 millones de hectáreas está por alcanzar un punto sin retorno, en el que perderá su balance y sufrirá una disminución de lluvias y estaciones secas prolongadas.

“En la Amazonia estamos llegando al punto en que la deforestación pondrá al ecosistema en un grado del que ya no se va a recuperar; los servicios que provee, como la estabilización del clima, también van a cambiar; y por ende el propio ecosistema puede volverse seco. El agua que aporta la Amazonia tanto en transpiración como a través de sus cauces tendrá afectaciones que impactarán al mundo entero”, expresa Villanueva Noriega.

En cuanto al Gran Chaco, que se extiende por Bolivia, Paraguay y Argentina, dice que tiene uno de los niveles más altos de deforestación en el mundo, impulsado principalmente por la producción de soya y la ganadería a gran escala.

Agrega que es en las zonas tropicales y subtropicales donde se pierde mayor cobertura vegetal. “Eso es importante destacar: si ves el mapa, claramente hay un cinturón entre el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio; ahí es donde se concentra la mayor deforestación de los últimos años; y en países como Sumatra, Madagascar y hasta México”, comenta.

De acuerdo con el informe otra zona afectada es la selva maya, uno de los bosques tropicales más grandes de América y que abarca a Belice, Guatemala y México.

“En el bosque maya vemos una fuerte afectación por la pérdida de hábitat debido a múltiples causas, principalmente el desarrollo agrícola y pecuario. Pero si a eso le sumas modelos de desarrollo urbano asociado a polos turísticos, como en la zona de la Riviera Maya, donde además pierdes espacio con respecto de la urbanización y la especulación de la tierra, entonces este es uno de lo grandes factores de detrimento y que aceleran la deforestación en la zona”, explica María José Villanueva.

Añade que la crisis por Covid-19 muestra que la degradación y la deforestación de los bosques figuran entre los factores que más influencian en el surgimiento de epizootias. “Entonces no sabemos qué virus esté a la vuelta de la esquina esperando y seguramente surgirá en algún frente de deforestación”.

Respuestas

De acuerdo con los especialistas las soluciones y respuestas a la deforestación deben ser integrales y adaptadas al contexto local y regional.

“La pérdida y degradación de los bosques genera un ciclo de pobreza, por lo que necesitamos que las comunidades puedan vivir de sus bosques a través de una valoración de la naturaleza. Existen ya esquemas como los de pagos por servicios ambientales, los bonos verdes, pero necesitamos seguir impulsando que haya un incentivo a las comunidades que mantengan su bosque funcionando”, indica Villanueva.

Jordi Surkin, director de Conservación de WWF Bolivia, resalta en tanto que en Latinoamérica la organización trabaja en la implementación de mejores prácticas ganaderas a nivel de productores para que planifiquen su predio y roten el ganado con el fin de aprovechar el pasto de manera efectiva y lograr mayor sustentabilidad.

El reporte también hace un llamado a los ciudadanos a tomar acción evitando el consumo de productos asociados a la deforestación, como ciertas carnes, soya y aceite de palma, revisando etiquetas y buscando productos certificados.

Asimismo propone acciones urgentes por parte de gobiernos y empresas que deben aplicarse de forma combinada, las que incluyen: asegurar los derechos de tenencia de tierras de los pueblos indígenas y las comunidades locales; garantizar que las cadenas de suministro de las empresas sean lo más sustentables que resulte posible; y crear políticas y legislación que aseguren que los bienes y productos forestales importados estén libres de deforestación o conversión de ecosistemas y respeten los derechos humanos.