26
Dom, Jun

RÉPLICA A AWQA RUNA Transgénicos en Bolivia: historias del activismo internacional

Internacional
Tools
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times


La narrativa de contaminación es una falsedad: no se ha detectado en regiones donde se cultiva el maíz transgénico legal, defiende la autora.
or María Mercedes Roca La Paz - domingo, 12 de junio de 2022 - 5:00


Las leyendas y mitos son parte benigna del acervo cultural de cada grupo humano, pero existe un lado oscuro de las creencias culturales o ideologías arraigadas en la sociedad. En esta época de fake news, vemos cómo una mala información, repetida y reproducida por medios convencionales y redes sociales, se convierte en la nueva “verdad” o nueva ideología. Un caso notable es la desinformación sobre el origen de la covid y el supuesto efecto dañino de las vacunas, y otro la información falsa y sesgada contra los cultivos transgénicos, y los supuestos efectos nocivos en la salud humana, y al medio ambiente.

El 5 de junio 2022 se publicó en Ideas, de Página Siete, el artículo “¿Por qué debemos cuidarnos de los transgénicos?”, en el que se repite un “paquetazo ideológico” anti- transgénico, que revela una actitud anti-globalización, anti-industralización, anti-corporaciones transnacionales, y anti-agronegocio, como si vender productos de la agricultura y generar ingreso para los agricultores fuera dañino o poco ético.

Todas las buenas universidades del mundo que enseñan agricultura, también forman a sus estudiantes en agronegocios. El artículo denuncia, con poco entendimiento, que el maíz transgénico en Bolivia es utilizado para producir agrocombustibles (biocomustibles) y para la alimentación animal (carnes de pollo, cerdo, y pescado, huevos, lácteos) que no aportan a la seguridad o a la soberanía alimentaria. El autor tampoco parece entender que en Bolivia, donde se produce caña de azúcar con facilidad, es una incoherencia técnica usar maíz en lugar de caña, para producir bioetanol.

También debemos preguntarnos: ¿Ya se cultiva maíz transgénico en Bolivia de forma ilegal?, y, si es así, ¿ya se están viendo los desastres ecológicos y los efectos dañinos a la salud humana? La respuesta es sí a lo primero, y no a lo segundo. ¿Están ocurriendo los mismos desastres en otros países donde se siembra maíz transgénico y otros cultivos genéticamente modificados legalmente desde hace más de dos décadas? La respuesta es, otra vez, no.

Si el maíz transgénico es dañino y poco eficiente, ¿por qué los agricultores pequeños y grandes de las zonas rurales de Santa Cruz, lo introducen y siembran de forma ilegal? La respuesta es simple: lo hacen porque les trae muchas ventajas. Decir que las ventajas son solo para los desarrolladores de semilla es otra falsedad, igual que sugerir que al comprar un Toyota, o un iPhone, los únicos beneficiados por su compra son la transnacional automotriz o Apple.

Parecería que el autor y su entrevistada están afiliados a campañas que buscan el desprestigio de una tecnología muy útil, perpetuando el mismo discurso trillado de las transnacionales del activismo ecológico y anti-OGM (Organismo Genéticamente Modificado) que comúnmente se presentan en el mismo paquete ideológico, y que no ha cambiado en tres décadas en todo el mundo. Estos actores y sus campañas internacionales están muy bien coordinados y financiados desde sectores de Europa y California, que han adoptado modas alimentarias del chic-gourmet-organic y que siguen ideologías e intereses sectoriales.

Este activismo, que ya se ha infiltrado en el sector político de muchos países y que ha influenciado las políticas regulatorias de la biotecnología agrícola, trata de socavar cualquier intento del sector privado o de algún gobierno para adoptar la biotecnología moderna que utiliza la ingeniería genética para acortar tiempos y costos en la producción de semilla mejorada. Estas son tecnologías que necesitan los agricultores para enfrentar el cambio climático que resulta en sequías, inundaciones, heladas, calor extremo, plagas y enfermedades, y que también pueden traer enormes beneficios al medio ambiente y a la sociedad en general, como lo demuestra ampliamente la información científica publicada en los últimos 20 años en el mundo.

La naturaleza de este artículo no permite entrar en más detalle sobre los beneficios que pueden traer un suelo sano y las biotecnologías integradas, como transgénicos, cisgénicos, los nuevos cultivos editados por CRISPR y otras tecnologías de la información que, sumadas a las biotecnologías, son conocidas como agricultura de precisión. No sabemos si los autores del artículo están desinformados, o están alarmando a propósito a la población con falsedades. Pero permítame el lector aclarar algunos principios biológicos básicos que desmienten esas aseveraciones.

Una semilla de maíz contiene alrededor de 30.000 genes, y una semilla de maíz transgénico contiene 30.000 + uno (o 2-5 genes extra si son eventos apilados), que le confiere a la planta una ventaja específica, como la resistencia a ciertas plagas o herbicidas para un manejo más eficiente de malezas. El agricultor que planta maíz Bt evita el daño por la plaga como el cogollero y reduce mucho su uso de insecticidas, con ventajas obvias para su bolsillo y para la salud del ambiente.

¿Qué es el maíz Bt? Es una planta de maíz con un “transgen” extra, proveniente de una bacteria común del suelo llamada Bacillus thuringiensis (Bt). Irónicamente, la bacteria Bt es ampliamente utilizada en productos biológicos para manejar plagas, permitidos por la agricultura orgánica y por la agroecológica desde hace décadas por su inocuidad al ambiente y a la salud humana.

Por otro lado, el maíz o soya, con genes extra de tolerancia a sequía o que resiste a un herbicida como el glifosato, es muy útil para el agricultor y es muy injustamente demonizado por activistas. Los cultivos con resistencia a herbicidas permiten un manejo muy eficiente de malezas y el uso de “labranza cero”, una excelente práctica que protege la salud del suelo.

Entiéndase, entonces, que con maíz Bt, el productor usa mucho menos insecticida, pero sí debe usar herbicida para suprimir las malezas que compiten con su cultivo por espacio, agua y nutrientes del suelo. Si no usa un herbicida, debe desmalezar a mano, con un machete o un azadón, para no bajar su rendimiento. Si su maíz es tolerante a la sequía, necesitará menos agua, no más agroquímicos.

Siguiendo los principios biológicos y el sentido común, la transferencia de un transgen de tolerancia a la sequía, a insectos, o a un herbicida, de una planta transgénica a una variedad criolla o nativa, lejos de contaminarla, le conferiría una ventaja biológica, convirtiendo a la variedad criolla en tolerante a la sequía, al ataque del cogollero, y al uso de herbicidas.

La narrativa de “contaminación” es una falsedad y equivocación biológica que no se ha detectado en regiones donde se cultiva el maíz transgénico de forma legal. El desarrollo sostenible es el punto de encuentro y conciliación de los sectores sociales, productivos y de protección al medio ambiente y nuestro debate sobre el uso, o mal uso de las tecnologías modernas, debe madurar y ser más objetivo.

“Este activismo trata de socavar cualquier intento de adoptar la biotecnología moderna que utiliza la ingeniería genética para acortar tiempos de producción”.
María Mercedes Roca PhD en biotecnología

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen.
Para más información puede contactarnos