Contundente cabildo en Santa Cruz

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OPINIÓN miércoles, 09 de octubre de 2019 · 00:15
Editorial del prestigioso Diario El Deber.La realización del más reciente cabildo en Santa Cruz fue una contundente demostración popular de que existe un hartazgo con el gobierno de Evo Morales. Más allá de los resultados del mismo, con los que muchos pueden estar de acuerdo y otros no tanto, la enorme cantidad de gente que asistió es un motivo de regocijo democrático.

Los incendios en la Chiquitania y la candidatura ilegal del presidente Evo Morales han sido el caldo de cultivo para ese evento popular sin precedentes en cuanto a su convocatoria ciudadana. A diferencia de las concentraciones del MAS, en el cabildo no hubo fichas, multas, coacciones ni presiones para que asistan los ciudadanos. Ellos fueron por voluntad propia. Se vistieron de poleras blancas o camisas chiquitanas, alzaron su bandera (boliviana o cruceña), se reunieron en grupos de amigos, familias y hasta en comparsas carnavaleras y marcharon hasta al Cristo Redentor.

La movilización aprobó, entre otras cosas, el desconocimiento del próximo gobierno de Evo Morales en caso de que surgiera del fraude, determinó el voto castigo contra el mandatario en las elecciones del 20 de octubre, puso un ultimátum para el desalojo de los colonos ilegales de la Chiquitania y aprobó iniciar la lucha hacia el federalismo.

Cualquiera que está en contra del gobierno de Evo Morales debe coincidir con las dos primeras de esas resoluciones, pero es probable que las otras dos generen algún resquemor, sobre todo, en el occidente del país.

Poner un plazo para el desalojo de colonos del occidente asentados ilegalmente en la Chiquitania fue un exceso porque la medida podía interpretarse como una incitación a la violencia, además de ser percibida con connotaciones regionalistas y racistas. Más aún si el plazo, tal como fue planteado, venció el lunes pasado.

Pero, para tranquilidad de todos, los cívicos interpretaron su propia resolución y decidieron ir por el diálogo y descartar cualquier desalojo forzado.

El federalismo es otro asunto que, en época electoral, en vez de sumar aguas para la oposición, puede generar el efecto adverso, porque el MAS, el abanderado del centralismo, se presenta como sinónimo de unidad nacional.

El tema no era parte de las preguntas planificadas para la ocasión, pero el líder cívico cruceño, ante el pedido popular, terminó planteando aprobar esa resolución.

Por eso mismo decimos que, más allá de las resoluciones, que pueden ser polémicas, el asunto central del cabildo es la gran concentración ciudadana en contra de un binomio ilegal y en contra de las medidas del Gobierno que derivaron en la quema de más de tres millones de hectáreas sólo en la región de Santa Cruz.

Ante el éxito del cabildo, el Gobierno no tuvo más que callar, más aún si sabe que se está jugando una plaza electoral decisiva. Se trata de una estrategia electoral del MAS, que durante esta campaña ha adoptado un discurso concertador y no confrontacional, a contrapelo de su propio estilo. Por eso, lo único que dijo Carlos Romero es que el cabildo interpela al propio modelo cruceño, lo cual no es tan descabellado, pero la parte más importante es que interpela al gobierno de Evo Morales.

Hasta antes de los incendios, Bolivia Dice No y el MAS tenían más posibilidades de ganar en Santa Cruz, ahora compiten por el primer lugar Comunidad Ciudadana y Bolivia Dice No.

Otro aspecto importante es que el cabildo ha infundido ánimos en las otras regiones, las que ahora planifican sus propios cabildos o manifestaciones para el 10 de octubre, día de la democracia. La Paz y Cochabamba han decidido hacer cabildos esa fecha, mientras que Tarija ha convocado a una marcha. Entretanto, Potosí cumple desde este lunes un paro indefinido, aunque en principio es de manera parcial.

Los organizadores tendrán que valorar hasta qué punto son saludables las protestas, tomando en cuenta que estamos en un período electoral y sabiendo que el MAS podría utilizarlas como pretexto para poner peros a la elección si ve que está a punto de perder el poder.