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Dom, Jun

Sin control, la minería ilegal devasta bosques y ríos en el norte paceño y desata el terror en comunidades

Medioambiente
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Muchas veces los indígenas de las comunidades donde hay explotación aurífera reciben amenazas y sus casas son saqueadas y quemadas por las mineras.


De a poco los bosques frondosos con ríos cristalinos y peces nadando se evaporan en el norte paceño. Las montañas se han transformado en cerros áridos, en algunos se abrieron túneles en busca del metal dorado como consecuencia de la minería ilegal que avanza a pasos acelerados devastando y exprimiendo la vegetación y fauna en las comunidades indígenas. Pero no solo hay daños irreparables al medio ambiente, sino también se generan perjuicios a la salud de los pobladores.

La Agencia de Noticias Fides realizó un recorrido por diferentes localidades del norte paceño, entre ellos Correo, Pauje Yuyo, Apolo, Mapiri, Guanay y Cotapata, donde se evidencian las huellas de la minería y la falta de control desde el gobierno. Esa ausencia es aprovechada por los mineros que depredan con grandes maquinarias como retroexcavadoras, tractores y volquetas, los ríos y las montañas para explotar minerales como el zinc y oro.

Muchas veces los indígenas de las comunidades donde hay explotación aurífera reciben amenazas y sus casas son saqueadas y quemadas por las mineras con la única intención de despojarlos de su territorio. Cuando los pobladores denuncian son enviados a la cárcel como represalia y para infundirles temor.

Huellas de la minería

Al ingreso de la ruta Charazani-Apolo se observa una vegetación variada y abundante, con ríos de aguas cristalinas. Pero a medida que se avanza, se observa montañas con túneles y en las riberas generadores eléctricos que se utilizan para la actividad minera.

La ANF observó cómo un grupo de al menos 10 personas cavaba un cerro de donde, según las mismas versiones, explotaban zinc y oro que era trasladado en una volqueta con un letrero “Mineral Cruces”. Los obreros admitieron que carecían de licencia ambiental para realizar esa actividad. Sin embargo, revelaron que la empresa para la que trabajaban se denomina “Amarete” y el dueño era “don Max
A unos cuantos pasos del lugar se observó una montaña totalmente destruida por otra cantidad similar de mineros que trabajan en busca de oro. Tampoco tenían autorización para esa actividad, en ese sitio no hay ningún tipo de control
A lo largo de este trayecto se observó que en las comunidades Marupampa, Ayata, Pauje Pata y Pauje Yuyo, la devastación también se intensificó, sobre todo en las riberas de los ríos, donde se puede ver montañas de arenales removidas, piedras, árboles talados que se extienden por varios kilómetros.